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DESPIDEN COMO TODO UN GRANDE A JUAN PABLO SILVA

1995
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Isaac Guerra

Como todo un grande así despidieron los alumnos, familiares y amigos al profesor Juan Pablo Silva Garza, el padre del boxeo en Cadereyta Jiménez, Nuevo León.

El destacado profesor que el domingo pasado tuviera su cita con Dios en el cielo, dejando a toda la comunidad de Cadereyta en shock con su partida, que en solidaridad con su dolor hasta el mismo cielo lloró, ayer fue entregado a la madre tierra en un bonito día soleado.
Así como cuando él nació, día en que nacieron todas las flores y en la pila del bautismo cantaron los ruiseñores, las flores sobraron en su última morada y cantaron las aves junto a las sintonías del mariachi que lo despidió en el panteón.
Desde las 9 de la mañana se llevó a cabo una misa de cuerpo presente, ahí estaba dando un ejemplo de valentía, de fortaleza, poniendo el pecho a las balas don Ovidio y su santa esposa, los padres de Juan Pablo, dos personajes dignos de admiración, con el dolor clavado en el corazón, junto a sus hijas, las hermanas del profe.

La calle Gonzalitos estaba libre para que llegara al que fue su humilde hogar, acompañado de los dolientes entró su cuerpo hasta el fondo donde estaba el gimnasio y el ring, donde al emtrar, la gente se sorprendió.

Sí, ahí estaban sus alumnos del boxeo, todos haciendo sus rutinas diarias, esperando que Pablo, su querido profesor entrara como todos los días en un homenaje digno que desde el cielo estaba contemplando gustoso.

Al sonar el minuto de descanso, todos subieron al ring donde estaba el féretro con el cuerpo de Pablo, todos lo abrazaron y lloraron sinceros, el más dolido de todos, Iván Herrera, gran prospecto de campeón del mundo que se retiró temprano del profesionalismo, pero que nunca dejó de acudir con Pablo al que consideraba como su segundo padre.

Sus alumnos le editaron un video el cual pusieron en una televisión y ahí lo contemplaron, poco a poco subieron los presentes al ring a despedirse, a rendirle un homenaje.

Don Ovidio, el gran hombre, padre de Juan Pablo subió al ring y agradeció a todos, un hombre fuerte, muy valiente, digno de toda admiración al sortear este difícil momento, de pie aguantando los 12 rounds ante el dolor, como si fuere todo un buen boxeador de esos que solía hacer su hijo.

Las melodías del mariachi hacían que afloraran las lágrimas de los presentes, más al entonar la canción ‘El Rey’ que ahí lo decía todo: “Yo sé bien que estoy afuera, pero en día que yo me muera, sé que tendrás que llorar”.

Y sí, las lágrimas eran sinceras, los que le querían ahí estaban, así lo despidieron, hasta su último alumno llegó, Jonathan Núñez, de 17 años, un jovencito que apenas el martes pasado había encontrado al que consideró a su mejor maestro en el boxeo, solamente entrenó cuatro días con él, pero fueron suficientes para darse cuenta de que gran hombre era Pablo, ahí estuvo en el velorio y en su último adiós.

Hoy Pablo ya es leyenda, su nombre ha sido inmortalizado, físicamente no está, pero en escencia y espíritu siempre estará presente.

Pablo, querido profesor, te decimos presente…

Descansa en paz.

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