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CARLOS ‘CAÑAS’ ZÁRATE, EL HOMBRE QUE VOLVIÓ DEL INFIERNO

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Isaac Guerra/Enviado, Bakú, Azerbaiyan

Después de tocar el cielo con sus propias manos, de alcanzar la cima del éxito, ya no había más, Carlos ‘Cañas’ Zárate se llegó a sentir un dios, un hombre que disfrutaba de las mieles de la fama.

Sin embargo, todo lo que sube tiene que bajar, y así fue la vida de este gran personaje, ex campeón mundial de peso Gallo del CMB, su descenso fue trágico y en picada, en caída libre, tocó fondo, tapizó ese camino con billetes, maltratos, ofensas y le costó perderlo todo.

Las puertas del infierno se abrieron gustosas a su paso, él no se daba cuenta o quizás sí, pero no quería aceptarlo, caminó descalzo por las ardientes brazas de la casa del diablo, después de haber alcanzado el cielo, era una versión del ángel caído, de ser el más amado y venerado hasta convertirse en uno de los más indeseables para la sociedad.

Sin embargo, todo esto, para Carlos Zárate hoy es una pesadilla de la cual alcanzó a despertar a tiempo, hoy en día ha logrado reivindicarse ante la sociedad, esos que antes le sacaban la vuelta, hoy vuelven a tenderle la mano, a reconocerlo como campeón, porque triunfó en el boxeo y en la vida misma.

En el pasillo del Hotel Fairmont de Bakú, Azerbaiyan, sede de la 55 Convención del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) a donde fue invitado, Zárate va caminando vestido de traje con un moño negro en el cuello, con una sonrisa en los labios y una sencillez.

Llega a donde estamos dos miembros de la prensa, Diego Medellín de Izquierdazo.com y un servidor y comienza a platicar su historia.

“Antes que nada buenas noches, te voy a platicar, desde muy

y chico escogí lo que más me gustaba, el boxeo y para mí fue maravilloso haber llegado a lo más alto que es ser campeón, pero caí, no en la lona, sino hasta el fondo, hasta los vicios, pero gracias a Dios y a mi familia que me dieron su apoyo pude salir adelante de esa enfermedad, caí pero me rehabilité y ahora no quiero ser un ejemplo para la gente que amo, quiero que simplemente se vean en este espejo y todo aquel que está en esta enfermedad tan dura, decirle que sí se puede salir”, dice, emocionado y sin pena alguna.

Carlos reconoce que cuando cayó, se dio cuenta que la gente empezaba a rechazarlo, le sacaban la vuelta y eso le dolía, pero no aceptaba que estaba enfermo.

“Yo te puedo decir que precisamente me acerqué a Dios, muchas veces yo ni conocía, sabía que había un Dios, pero no lo conocía, creo que dejé sin crecer al niño que llevamos todos, crecí, creció mi cuerpo, pero el del niño no, nunca fui maduro, por todo eso que sufrí esas cosas dolorosas, de que te hagan a un lado, de que ahí viene ese, y es muy duro, uno se daba cuenta, pero en la rehabilitación me fue muy difícil, hubo personas ahí adentro y me invitaban a salirnos, a irnos de ahí, yo no me sentía bien, pero sabía lo que había hecho y lo que quería recuperar que era mi familia”, menciona con voz entrecortada en una charla de cuates.

 

LA BATALLA MÁS DURA

Toma un ligero descanso y vuelve a seguir con el mismo tema, “Esta fue la pelea más dura y entonces yo les dije que no, que Dios los acompañara se fueron dos y al momento en que yo salí tras 7 meses, me di cuenta que Dios pone todo en su lugar, porque iba entrando uno de ellos que me había invitado a salirme, pero venía en muletas ya sin un pie, oré por él y Salí, le di gracias a Dios, no sé si sea el modo de vivir y no te voy a hablar mucho de Dios, pero se manifestó en muchas personas que me ayudaron a salir de ahí, una persona fue don José Sulaimán, ya estando en el suelo le fui a pedir para una función que iba a hacer, que no era cierto, y me dijo, ‘no aquí no hay dinero, hay ayuda, ya sé que se encuentra usted en un hotelucho de quina y no, yo lo que quiero es ayudarlo’ y dije, no, está mal el señor, como voy a ser yo vicioso y me fui y me encontré a mi familia, a mi hermano y me dijo, ‘manito échale ganas’ y le dije que había hablado con Don José, que me iba a ayudar y él fue y habló con Don José, fue a buscar un lugar allá por Pachuca, me dijo, ‘tiene gimnasio, canchas de futbol y todo’, entonces es lo que te digo, que Dios pone todo en su lugar y creí en él y le eche ganas”.

 

SU FAMILIA, SU MOTIVACIÓN

‘Cañas’ vuelve a echar un vistazo al pasado y en sus palabras relata su experiencia, de cómo su mujer tuvo la paciencia y lo esperó, en las buenas y en las malas, quería recuperar a su esposo, a su campeón de la vida.

“Una vez, cierto día estaba en un hotelucho de quina categoría y ya tenía 11 años que no veía a mis hijos, y en ese momento me hablaron de recepción y me dijeron ‘lo buscan su esposa y sus hijos’ y yo estaba con toda la bola y dije, cómo y pues dije, ¿qué les digo?, y nada tuve que bajar, bajé y en el elevador venía pensando que mala onda como la he regado con ellos, cómo no vienen a recogerme al aeropuerto con éxito, triunfador y ya no pensé más, al abrir la puerta vi sus caritas, corrieron, nos abrazamos, lloramos junto con su mamá y su mamá me decía ‘Carlos, Carlos que estás haciendo, ya por favor, cómo pensar que tu llegaste tan alto en el deporte y ahora estés así, tu vales mucho’, me estuvo diciendo y les dije ‘les prometo que vamos a ser una familia normal, ya hablé con Don José y dijo que me iba a ayudar, nomás déjenme pasar el día de mi cumpleaños’, y sí, yo no sé, tu sabes e iban cada domingo, faltaban dos meses para mi cumpleaños, me llevaban ropa y vitaminas, pero iba y la regresaba a la farmacia, para traerme mi lana y se llegó el día, estaba mi hermano Jorge ahí y dijo, ‘hermano, tu prometiste’, le dije, ‘sí’ y me subí al primer piso y me dieron ganas de arrojarme por la ventana, y dije, ahí hay un cable, me deslizo por ahí y me dijo una joven, ‘no lo haga, váyase con ellos’ y pues bueno ya, me subieron a la camioneta, me llevaron a un lugar que me habían preparado, ahí sufrí mucho, pero mi destino estaba preparado y muchos son los que salimos, pero nada más salen y no vuelven a resurgir y Dios me dio la dicha de volver a ser Carlos Zarate, de volver a ser respetado”, dice orgulloso de lo que logró.

Se llega el momento en que se quiere despedir, el mesero trae la cuenta del café, Diego Medellín la toma, Zárate dice, ¿a ver, cuánto es?, Diego le contesta, ‘no es nada, campeón, yo invito’ y Carlos contesta, “No soy rico, pero me doy mis gustos, soy feliz, soy campeón de la vida y me voy a pasear, mira como me ha socorrido Dios, somos felices, mi mujer me ayudó a escribir mi libro, fue mi pilar, creo que Dios se manifiesta en varias personas de lo que me hace falta”.

‘Cañas’ se despide y dice: “Gracias, un saludo y un abrazo con todo el corazón”.

Ahí se va caminando, directo a su habitación, es tarde y necesita dormir, que mañana será otro día, hoy esos pies que atravesaron el infierno, caminan de nuevo entre las mieles del éxito, en una vida dulce con sabor a ‘Cañas’.


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