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SAL SÁNCHEZ, EL BOXEO TE EXTRAÑA Y MUCHO CON TU PARTIDA PERDIMOS TODOS

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Especial/CMB

Fotos Alma Montiel 

 

Hace 30 años el deporte de los puños se estremeció con esta noticia…uno de los mejores boxeadores de aquel entonces había adelantado el viaje, su prometedora carrera había llegado a su fin, el ídolo se convirtió en leyenda.

“Sal Sánchez” nació en Santiago Tianguistenco, México, el 26 de enero de 1959;  pasó su infancia como cualquier otro niño; sin embargo, Salvador siempre se destacó por su inquietud en los deportes. En un inicio se sintió atraído, por la lucha libre, pero con el paso del tiempo el manager Agustín Palacios Rivera descubrió su talento para el boxeo, por lo que decidió hacerlo su pupilo y le enseñó las bases de este deporte.

Dedicado a sus entrenamientos y con la idea fija de llegar a ser uno de los mejores boxeadores de la historia, realizó su debut profesional el 4 de mayo de 1975 en el bello puerto de Veracruz contra Al Gardeno, a quien dejó en la lona en el tercer asalto. Aquella noche del 75 nació una leyenda de los encordados, cada vez que Salvador subía al ring, cosechaba una victoria más, consiguiendo un record de 44 peleas ganadas, 32 de ellas por la vía del nocaut, 1 empate y sólo 1 derrota.

Con la meta fija de llegar a ser un digno campeón del mundo, enfrentó a Danny “Coloradito” López por el título mundial WBC el 2 de febrero de 1980, fajín que defendió exitosamente en 9 ocasiones contra extraordinarios oponentes como: el invicto Patrick Ford, el duro JuanLa Porte, Roberto Castañón, el invicto Wilfredo Gómez, Pat Cowdell, Jorge García y el  tres veces campeón, Azumah Nelson, entre otros.

Salvador Sánchez avanzaba a paso firme para ser el mejor peleador mexicano, ya que, no sólo le sobraba calidad, técnica, coraje, estilo y mucho corazón, sino que podría haberse convertido en el primer boxeador en ganar campeonatos en diferentes divisiones. Sin embargo, un destino diferente estaba escrito… era la madrugada del 12 de agosto de 1982, muy cerca de Querétaro, cuando el Porsche  deportivo blanco que conducía Salvador se estrelló de frente contra una camioneta, terminando con el sueño del flamante campeón, un hombre que avanzaba a paso firme para ser el mejor peleador mexicano, ya que no sólo le sobraba calidad, técnica, coraje, estilo y mucho corazón sino que podría haberse convertido en el primer boxeador en ganar campeonatos en diferentes divisiones.

Hoy recordamos a este campeón, quien brilló en los cuadriláteros, poseedor de un corazón enriquecido por el amor, el sacrificio y el valor.

¡Hasta siempre, campeón!

 


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